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La Coctelera

a-pie

26 Abril 2008

COLOR DE MAR EN LA NOCHE (parte I)

Salía, ya caída la noche, a caminar por la orilla del mar, zigzagueando sus pasos sobre bordes indefinidos, olvidados por aquellas olas llevadas hasta allí de la mano de algunos cuerpos indecisos que no permiten volar, como si alguien a lado y lado no admitiera el correr natural de sus impulso, el primero le señalaba su lugar de regreso y el segundo le arrastraba los piececitos regresándola a su lugar de origen, qué trajinado ha de ser aquel eterno retorno de las olas. La noche pintaba de luna llena, y como es ya costumbre en estas absurdas imágenes literarias, el cielo parecía un mantel lleno de migajas abandonadas a su suerte por ángeles luego de un suculento banquete auspiciado por la inspiración de los poetas agradecidos al amor y a la vida. Caminaba con los brazos extendidos, iba descalzo, procuraba cerrar los ojos mientras caminaba, así iría aprendiendo a distinguir, por las sensaciones en sus pies, la arena húmeda y la arena seca, los ojos encharcados de lagrimas y las sonrisas juveniles; es tan solo una línea lo que divide sus fronteras, no sabia hacia cual desplazarse, el mundo de lo liquido o el mundo de lo solido, lo real o lo imaginario, deseo o represión; deslizaba su lengua entre aquellas nalgas, solo se detenía para estimular las comisuras y los pliegues formados a lo largo de su enorme trasero. Seguía caminando, parecía no tener rumbo fijo, los transeúntes del malecón lo observaban con una extrañeza casi desorbitarte para sus ojos –¡Mira aquel demente! caminado como borracho, con los brazos extendidos como si fuera trapecista de circo pobre sobre una cuerda floja- se decían los transeúntes unos a unos. Quizá sus juicios encajaran perfectamente en aquel arquetipo de hombre, un demente, un borracho, un olvidado, un trapecista de circo pobre que camina sobre la cuerda floja con la mirada hacia el horizonte, tratando de de construir su lenguaje en pos de lo irreal, consecuencia en ese momento de un nombre para el color del mar en la noche.

Tags: existencia

servido por a-pie 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

lo-que-hay

lo-que-hay dijo

Podía ser un trapecista en la cuerda floja de su vida.
Saludos

27 Abril 2008 | 11:14 PM

geografias

geografias dijo

Solo un alguien que camina buscando, que decide su rumbo a cada segundo sin dejarse impresionar por el pasado reciente. Alguien caminando en el filo de una sombra. Alguien caminando en búsqueda.
Maravilloso texto. Me alegro de tenerte como amig@
Un saldo afectuoso. Paz

28 Abril 2008 | 07:13 AM

curarme-de-ti

curarme-de-ti dijo

Hay veces, muchas veces, en las que los juicios de los demás son lo menos importante si uno siente que ha de caminar con las manos extendidas. Precioso tu texto. 1 Besiño

28 Abril 2008 | 01:10 PM

ciudad-blog

ciudad-blog dijo

Precioso como escribes, te enlazo para no perderte de vista, leyéndote me has emocionado, te invito a visitar y participar en nuestro proyecto literario, veo que tienes mucho que aportar a la buena literatura.
http://www.ciudadblog.net/

29 Abril 2008 | 09:10 AM

caracolesdecanela

caracolesdecanela dijo

Encantada de conocerte-leerte!
El funambulista, el loco con los brazos extendidos, fue el único en entender en ese momento el vaivén de la vida.
muchos besos .

29 Abril 2008 | 10:53 AM

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“Wong se aprovechó más tarde para edificar una complicada teoría sobre las saturaciones sexuales; según él se podría avanzar en el conocimiento siempre que en un momento dado se lograra un coeficiente tal del amor, que el espíritu cristalizara bruscamente en otro plano, se instalara en una surrealidad.” Julio Cortazar. Counters
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